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Castillo del Infantado en Manzanares el Real (Madrid)

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Visita con calidad 8K el Castillo del Infantado. Situado en la madrileña localidad de Manzanares el Real. El castillo nuevo de Manzanares el Real, conocido también como castillo de los Mendoza o, sencillamente, como castillo de Manzanares el Real, es un palacio-fortaleza de origen bajomedieval​ que se encuentra al pie de la sierra de Guadarrama, junto al río Manzanares, con vistas al embalse de Santillana.

Edificado en el siglo xv sobre una iglesia románico-mudéjar, que quedó integrada dentro de la estructura,​ fue concebido como la residencia palaciega de la Casa de Mendoza, uno de los linajes más influyentes de Castilla durante la Baja Edad Media y el Renacimiento.​ Sustituyó a un castillo anterior, que estaba situado en un enclave cercano, propiedad igualmente de la citada familia.

En su construcción participó el arquitecto Juan Guas (1430-1496), quien utilizó trazas gótico isabelinas, con influencias hispano-musulmanas.4​ Está considerado como el precedente del Palacio del Infantado (Guadalajara),567​obra clave de la arquitectura renacentista española, donde el citado autor dejó definido el prototipo palaciego del reinado de los Reyes Católicos.8

Gracias a sucesivas restauraciones, presenta un excelente estado de conservación.9​ Actualmente alberga un Centro de Interpretación sobre el medievo,10​ además de una colección de tapices, pinturas, armaduras y muebles de los siglos xvi a xix. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931. Es propiedad del Ducado del Infantado, si bien su administración y uso corresponde a la Dirección General de Turismo de la Comunidad de Madrid, que permite su visita y la celebración de actos de carácter público e institucionales dentro del recinto.

Visita con calidad 8K el Castillo del Infantado. Situado en la madrileña localidad de Manzanares el Real. El castillo nuevo de Manzanares el Real, conocido también como castillo de los Mendoza o, sencillamente, como castillo de Manzanares el Real, es un palacio-fortaleza de origen bajomedieval​ que se encuentra al pie de la sierra de Guadarrama, junto al río Manzanares, con vistas al embalse de Santillana.

Edificado en el siglo xv sobre una iglesia románico-mudéjar, que quedó integrada dentro de la estructura,​ fue concebido como la residencia palaciega de la Casa de Mendoza, uno de los linajes más influyentes de Castilla durante la Baja Edad Media y el Renacimiento.​ Sustituyó a un castillo anterior, que estaba situado en un enclave cercano, propiedad igualmente de la citada familia. Las tierras que rodean el curso alto del río Manzanares, conocidas como El Real de Manzanares desde tiempos de Alfonso X el Sabio (1221-1284), fueron objeto de frecuentes disputas entre los distintos poderes surgidos tras la Reconquista, debido a su riqueza agropecuaria y forestal.

Las Comunidades de Villa y Tierra de Segovia y Madrid protagonizaron diferentes litigios a lo largo del siglo XIII, que fueron resueltos en el siglo XIV por el rey Juan I de Castilla (1358-1390) con la donación de la comarca a la Casa de Mendoza, a través de Pedro González de Mendoza (1340-1385),​ mayordomo del monarca. Al hijo mayor de éste, Diego Hurtado de Mendoza (1367-1404), almirante mayor de Castilla, se le atribuye la construcción de una primera fortaleza en la zona, de la que se conservan unos restos, que reciben el nombre de castillo viejo de Manzanares el Real. En el último tercio del siglo xv, los Mendoza decidieron sustituirla por otra edificación, de mayores dimensiones y más lujosa, acorde con la notable influencia política y económica alcanzada por la familia.

La nueva residencia fue promovida por Diego Hurtado de Mendoza y de la Vega (1417-1479), nieto del almirante y primer duque del Infantado. Gracias a su testamento, se sabe que las obras ya estaban en marcha en junio de 1475:

Mando a la Iglesia de Santa María de la Nava, que está cabe el castillo que yo fago en la mi villa de Manzanares, siete mil maravedíes de juro de heredad, (…) para que los religiosos de dicha iglesia sean obligados á decir y digan perpetuamente una misa cada día por mi ánima (…) y por las ánimas de los difuntos que en aquella iglesia están y estarán sepultados.

Tras su fallecimiento, los trabajos quedaron paralizados durante un tiempo. Su hijo primogénito, Íñigo López de Mendoza y de la Vega (1438-1500), los retomó probablemente en 1480​ y optó por modificar el proyecto original, con la incorporación de un nuevo cuerpo por la parte este, que aumentaba sensiblemente el espacio estancial. Asimismo, contrató los servicios de Juan Guas (1430-1496), arquitecto de los Reyes Católicos y autor del Palacio del Infantado (Guadalajara) y del Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo), para que homogeneizara y embelleciera el conjunto. A Juan Guas se deben los elementos gótico isabelinos del edificio, entre los que destacan la galería meridional, el patio porticado, los caballeros que rematan las torres angulares y la decoración tanto de la coronación como del saledizo del adarve.

Con respecto a la vieja fortaleza, la Casa de Mendoza decidió desmantelarla y abandonarla, no solo para reutilizar sus materiales de fábrica, sino también para impedir que pudiera caer en manos de los enemigos del linaje, habida cuenta su proximidad con el nuevo edificio. En tiempos de Íñigo López de Mendoza y Pimentel (1493-1566), cuarto duque del Infantado, apenas un siglo después de ser concluido, el castillo de Manzanares el Real quedó prácticamente deshabitado, al centrarse la actividad del ducado en la ciudad de Guadalajara. La situación de abandono se agravó con su muerte, debido a que surgieron problemas económicos y pleitos entre los herederos de la Casa de Mendoza.

La propia Casa Ducal procedió a una primera restauración en 1914. Su artífice fue el arquitecto Vicente Lampérez y Romea (1861-1923),​ quien aplicó el método de la anastilosis y criterios historicistas en la reconstrucción de ciertas estructuras, como el patio porticado, que estaba completamente arruinado. En 1964 tuvo lugar una nueva intervención, esta vez costeada por la administración, que, bajo la dirección de José Manuel González Valcárcel, estuvo encaminada a la creación de un Museo de los Castillos. En el año 1965, Íñigo de Arteaga y Falguera (1905-1997), decimoctavo duque del Infantado, cedió el uso del castillo a la desaparecida Diputación Provincial de Madrid, que prosiguió con las obras de consolidación y rehabilitación. Estos trabajos posibilitaron la apertura a la visita pública del monumento, a partir de 1977.

En 1982, el edificio acogió el acto de constitución de la Asamblea de Parlamentarios por Madrid, en el que fue presentada la ponencia redactora del proyecto de Estatuto de Autonomía madrileño. Con la entrada en vigor del citado estatuto en 1983, el conjunto fue traspasado a la Comunidad de Madrid, tras asumir las competencias y bienes patrimoniales de la Diputación Provincial. El nuevo organismo también recibió una colección de diez tapices flamencos del siglo XVII, que decidió instalar en el interior de la fortaleza.

La Comunidad de Madrid volvió a actuar sobre el castillo en 2005, con el fin de implantar un nuevo proyecto museográfico y de aprovechamiento turístico. Este plan se completó en los años siguientes con la creación de un jardín de inspiración renacentista, inaugurado en 2013.

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